Hábitos ante la inseguridad, ¿han cambiado?
Por David Lee
Febrero 11, 2010
Según las últimas estadísticas del
Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad
(ICESI), los ciudadanos han cambiado una serie de hábitos ante el fenómeno de la inseguridad. Entre éstos,
destaca el hecho de que poco más de la mitad de las personas encuestadas no permiten ya que sus hijos menores
salgan de casa; prácticamente la mitad ha dejado de utilizar joyas y, además, ya no sale de noche, en
tanto que la cuarta parte ha dejado de visitar a sus parientes o amigos, incluyendo el no tomar taxis,
ni asistir al cine. Un tercio manifestó que, a raíz de la problemática delictiva, ha dejado de salir a
caminar y la quinta parte ha renunciado a utilizar el transporte público y ya no sale a comer o cenar
fuera de su hogar.

Lo anterior denota que los encuestados, con una gran preocupación de convertirse en víctimas, consideraron
reducir su riesgo ante los delincuentes modificando, por un lado, sus hábitos y, por el otro, podría
considerarse que se habrían ocupado de prevenirse, adoptando los hábitos para conformar una cultura de
seguridad. No obstante, no ha sido así del todo.
Para sustentar de alguna manera esta afirmación, valdría reflexionar sobre la estadística del ICESI
respecto de las multivíctimas o víctimas reiteradas, en otras palabras, aquellas personas que han sido
victimadas en varias ocasiones. Resulta ser que, de los más de 12 millones de delitos que son cometidos
anualmente en el país, aproximadamente un 40% son sufridos por estas víctimas reiteradas y, de ellas, a
un 80% las victima el mismo delincuente, en el mismo lugar.
Quien fue víctima, muy seguramente, pueda pensar que ya pagó su "cuota" a la delincuencia. Los delincuentes,
no obstante, encuentran en esas personas a sus "clientes" favoritos, pues modificaron tal vez muchos hábitos,
pero no incorporaron uno, el más importante, el de adoptar el hábito de la seguridad en sus vidas.
¿Y en qué consiste el adoptar ese hábito? En aprender a vivir seguros. Saber cómo prevenirse, cómo conducirse en los
diferentes escenarios de nuestra vida y cómo reaccionar ante un hecho delictivo.
Cuando escuchamos la narración de hechos de una víctima del delito, existe un momento en el que podemos
identificar la oportunidad que detectó el delincuente para atacarla.
No podríamos señalar dicho momento como un error del todo. Podríamos, tal vez, identificar una omisión por
parte de la víctima, una imprudencia o una falta de precaución. En muchos casos realmente nada se
puede hacer, es meramente una cuestión de estar en el lugar menos indicado en el momento menos oportuno.
A pesar de ésto, en la medida en la que no sólo nos sensibilicemos respecto del tema, sino que vayamos
conociendo cómo suceden las cosas y cómo podemos y debemos prevenirnos, estaremos desarrollando en nosotros
mismos esa cultura, misma que es preciso enseñar a los menores, pues el mundo seguirá con los males de la
sociedad durante toda la vida.
Puesto que a nadie le gustaría ser parte de las estadísticas delictivas, debemos enfocarnos a ser parte,
entonces, de las estadísticas educativas. Vivir seguros es posible, pero debemos trabajar a diario y en todo momento,
conduciéndonos con éso, con el hábito que nos está haciendo falta, el hábito de la seguridad.
Finalmente, vale la pena cuestionarte: ¿ya leíste el
Manual de Seguridad o sólo le diste una revisada?
¿Ya tienes, con todos los miembros de tu familia, un código secreto? ¿Ya realizaste un análisis de riesgos
en tu casa, en tu trabajo y en tu centro de estudios? ¿Tienes un plan de seguridad implementado?
Antes que cambiar tus hábitos el día de mañana,
adopta el de la seguridad y aprende a vivir seguro hoy.