La juventud ante la inseguridad
Por: David Lee
Agosto 10, 2010
Si analizamos algunas de las figuras que nos muestran los
Cuadernos elaborados con
datos de la última
Encuesta Nacional sobre Inseguridad (ENSI-6),
realizada por el
ICESI, encontramos que
los jóvenes mexicanos enfrentan una doble tragedia ante el fenómeno de la inseguridad: por un lado son el sector de la población
que en alto porcentaje es victimizado y, por el otro, constituyen en mayor número las filas de los delincuentes.

Figura 7. Distribución de las víctimas por grupo de edad y sexo. México, 2008

Figura 23. Edad aproximada del (o los) delincuentes, México. 2008 en ciudades y a nivel nacional
En otro contexto, y de acuerdo con las últimas encuestas de empleo y ocupación realizadas en México, encontramos que existen
aproximadamente siete millones de jóvenes que conforman una nueva generación a la que se les ha denominado "Ni-nis",
pues ni estudian, ni trabajan.
Aunado a ello, y considerando la delgada línea existente entre el consumo de drogas y la comisión de delitos, siendo los jóvenes
quienes representan el sector con mayor número de consumidores, es preciso reconocer que debemos actuar de manera inmediata e
intervenir para evitar que el crimen organizado encuentre en los adolescentes no sólo su mercado de consumo, sino además la bolsa
de trabajo suficiente y necesaria para continuar con su negocio, que día a día cobra las vidas de personas que directa o
indirectamente, voluntaria o involuntariamente, se involucran con ellos.
Hemos oído miles de historias de víctimas, pero no hemos escuchado las historias de las familias de los
delincuentes, cuyos hijos (jóvenes en su mayoría) fueron víctimas algún día; asimismo de otros delincuentes que los
introdujeron en las redes criminales.
Muchos de estos padres, si bien reconocen que no tuvieron el cuidado y la atención necesaria con los menores, quienes además se
desarrollaron en ambientes desfavorables, confiesan que no sabían a ciencia cierta que sus hijos eran delincuentes, hasta que los
encontraron trás las rejas o en una plancha del forense.
De ahí que, como padres, debamos no sólo ocuparnos de conocer las formas en que los delincuentes arrastran a nuestros hijos a sus
filas, sino reconocer los aspectos que, al interior de nuestras propias familias, hagan vulnerables a los jóvenes de caer en sus
garras.
Por lo anterior, las campañas de prevención que se instrumentan orientadas a los jóvenes deben poseer una dualidad importante: la
de educarlos para evitar ser víctimas de la delincuencia y la de prevenirlos para evitar que se conviertan en delincuentes.
Resulta increíble que como sociedad no le ofrezcamos las oportunidades que merecen los jóvenes, quienes constituyen el futuro de
nuestro país, y que por esta omisión sean para muchos las redes criminales su mejor opción.
De no actuar firme y decididamente, con inteligencia y creatividad respecto de ellos para conformar las plataformas de despegue
hacia una vida productiva ahora, el día de mañana nos lamentaremos y, muy posiblemente, merezcamos el mote de haber sido unos
adultos y padres "Ninis", que ni pudimos educarlos, ni pudimos prevenirlos.
¿Qué debemos hacer como padres? Dejar de preocuparnos y, en su lugar, ocuparnos del asunto. Lo recomendable es prevenirlos a
través de la información, diálogo y reflexión en relación a las amenazas a las que están expuestos, debiendo hacerlo con el tacto
suficiente y con el cariño necesario, para lograr una comunicación real y efectiva. De igual manera, debemos aprender a detectar
hechos o situaciones que denoten que una persona ha sido vulnerada.
Es fundamental estar atentos antes los síntomas típicos que se presentan en los jóvenes ante el contacto con el mundo de las drogas:
- Cambios súbitos de actitud o de conducta,
- Baja en el rendimiento escolar o deportivo,
- Descuido de su persona,
- Cambio de amistades,
- Salidas imprevistas de casa,
- Llamadas misteriosas de teléfono,
- Mentiras recurrentes
- Presenta cansancio o energía excesiva,
- Enrojecimiento de ojos o piel,
- Dilatación de pupilas,
- Si llega a casa, después de una fiesta, demasiado perfumado,
- Si su habitación la declara como un "lugar prohibido" de entrada para sus padres.
Asimismo, no debemos perder de vista a los jóvenes o sus amistades que sin poseer un empleo formal hagan ostentación de vehículos,
objetos o dinero, ya que éste puede haber sido obtenido de manera ilícita.
En su caso, es preciso actuar en consecuencia, buscando ayuda profesional. Esta puede ser obtenida de manera gratuita al recurrir a
los programas de prevención e intervención con los que cuenta el gobierno o bien a través de las organizaciones no gubernamentales y
empresas privadas especializadas.
El peor escenario es permanecer ajeno al problema, cerrar los ojos y pensar que los jóvenes por sí mismos poseen la fuerza y la
entereza para salir de sus propios problemas. En este tipo de situaciones, el contar con el apoyo y soporte de la familia marca una
gran diferencia en la recuperación y reconformación de la persona para una vida sana y provechosa.
Sirva esta ocasión para invitarlos a revisar el capítulo de
Seguridad para Adolescentes, del Manual de Seguridad,
para conocer a detalle las recomendaciones de los expertos, con el fin de minimizar la posibilidad de que los jóvenes sean víctimas de
la delincuencia.